Neolítico

En torno a finales del VII milenio y con seguridad a comienzos del VI, asistimos en la Península Ibérica al inicio de una transformación paulatina de las pautas económicas.

Hasta la aparición de los modelos económicos propios del Neolítico, la agricultura y el pastoreo, la economía estaba basada en la caza y la recolección de distintas especies vegetales. Así, con el Neolítico se introducen una serie de cambios que afectan a:

  • Economía: basada principalmente en dos elementos, en primer lugar, en el cultivo de diversas plantas que permiten obtener buenas cosechas y por lo tanto asegurar la alimentación de la comunidad y en segundo lugar, en la domesticación de los animales que supone el aprovechamiento de la carne, lana, leche o fuerza motriz.
  • Se produce una generalización de la sedentarización, gracias a las nuevas técnicas agrícolas y ganaderas, que facilitan la posibilidad de agrupamientos mayores de población y organizaciones sociales más complejas.
  • Hábitat: en cueva y aire libre.
  • Entre los logros más importantes están la utilización de la cerámica, del telar y del pulimento de la piedra.

La documentación arqueológica del Neolítico en la provincia de Toledo, se basa principalmente en las investigaciones llevadas a cabo en diversos yacimientos funerarios como son el dolmen de Azután, el dolmen de La estrella, el dolmen de Navalcán, el túmulo del Castillejo así como dos poblados neolíticos en los municipios en Mesegar del Tajo y Numancia de la Sagra.

A la existencia de todos estos yacimientos de clara adscripción neolítica, hay que añadir una serie de hallazgos como hachas y azuelas pulimentadas que tradicionalmente se han considerado de este periodo. Este es el caso del material localizado en Menasalbas, San Pablo de los Montes, Hontanar, Los Navalmorales, San Martín de Pusa o los casos de la cueva de Dos Hermanas o el dolmen del Valle de la Morena en Navahermosa.

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